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Star Trek y la ciencia ficción
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La ciencia ficción ha sido siempre caldo de cultivo para expresar en ella argumentos, ideas políticas o sentimientos que hubieran sido imposibles de poner en cualquier otro género.
Así en la ciencia ficción se podrían mostrar hasta futuros idílicos en donde reinarían las ideas del socialismo utópico (la española Saga de los Aznar, de G.H. White, publicada en pleno apogeo del Franquismo es buena prueba de ello). Sin embargo, y sobre todo en el bando de los buenos, los alienígenas siempre han sido de mayoría humanoide. ¿Porqué? Pregúntenselo a los escritores.
Es más fácil para un escritor, y no hablemos ya de las series de televisión, que cuando en una obra de ciencia ficción los humanos, siempre terrestres y en misión exploratoria de planetas inexplorados, se encuentren con civilizaciones -casi siempre primitivas o menos avanzadas que los terrestres, en eso todavía somos un tanto colonialistas- extraterrestres de origen o apariencia y fisiología humanoide. Para los escritores era más fácil de esta forma hacer que los protagonistas terrestres y los extraterrestres entablaran relaciones de amistad, compañerismo, antagonismo, e incluso sexuales de una forma más digerible tanto para el editor, el lector o para ellos mismos.
Comencemos este somero recorrido por las razas humanoides con una obra de un género maldito y semi olvidado en la historia de nuestra literatura, la española: la literatura de ciencia ficción española de los años cincuenta y primeros sesenta. Llegó de lejos -de lectura obligatoria para todos los amantes de la buena ciencia ficción que se precien de serlo- es una novela escrita en los años cincuenta por G.H. White (seudónimo literario usado por el escritor valenciano Pascual Enguidanos) en donde se narra del primer contacto entre humanos y extraterrestres. Sin querer desvelar argumentos Betty Seton, la terrestre, siente un vínculo afectivo con Ram Takau, el extraterrestre. Ram en todos los sentidos estaba más cerca del ideal de humanidad - era un ser con sentimientos y lleno de bondad- que el resto de los terrestres que aparecían en la novela.
En el cine hubo un precedente de esta historia en la película Ultimátum a la Tierra, en donde un alien de aspecto humano nos advertía inútilmente sobre los efectos autodestructivos de nuestra propia maldad.
En la Saga de los Aznar, de G.H White, sucede exactamente igual, quitando a los caníbales hombres de silicio (pero humanoides al fin y al cabo) o las Tarántulas, todas las demás razas civilizadas conservaban rasgos de palpable y tangible humanidad.
En Star Trek, la serie de los años 60, la situación es distinta, puesto que hablamos de una serie de televisión en donde los efectos especiales eran algo precarios. Incluso los Klingons eran humanos hasta en la forma de su frente. Los conocidos ahora de frentes, digamos, voluptuosas no aparecerían hasta Star Trek: La Película. Aunque también hubo casos de extraterrestres "civilizados" con una evolución totalmente distinta a la humanoide. Hubo un episodio en el que intervenía un personaje extraterrestre extremadamente civilizado cuya extraña y repulsiva apariencia motivaba la locura a aquellos humanos que le mirasen.
Casi todas las razas humanoides en esta serie tenían una escala evolutiva similar a la terrestre. Con las escalas de evolución que indicaba Spock sobre los planetas habitados por humanoides ya estaba todo dicho en ese aspecto: Raza humanoide evolución siglo XVI, evolución era industrial, El imperio Romano en evolución siglo XX... Seguramente esto era una excusa para aprovechar vestuarios y decorados de otras películas y series.
Ya en Star Wars aparecen alienígenas distintos a los humanos en roles principales y haciendo de buenos en películas de ciencia ficción de consumo de masas, no destinadas únicamente a los aficionados a la ciencia ficción (el Maestro Yoda o Chewbaca, por ejemplo) . En esta película los aliens ya no representaban una amenaza, como sucedía en La Guerra de los Mundos. Sin embargo los humanos seguían llevando la voz cantante.
Peor era el caso de la obra de Asimov, en donde si exceptuamos la novela Los Propios Dioses, no aparecía ningún extraterrestre. Es mas, según Asimov, todos los habitantes de la galaxia son descendientes de los primeros habitantes del planeta Tierra. La no intervención de alienígenas en las novelas de Asimov vino motivada por las presiones del editor de la revista Astounding John W. Campbell, un hombre situado ideológicamente "un poco a la derecha de Ghengis Khan" según dijo Asimov. El caso era que Campbell propugnaba la supremacía de la raza blanca sobre el resto de la humanidad y no veía con buenos ojos el que en las novelas y relatos que él editaba intervinieran aliens mejores que los humanos blancos, por lo tanto presionó a todos sus escritores a sueldo para que no incluyeran aliens en sus relatos. El hombre terminó siendo uno de los mejores adeptos de la Iglesia de la Cienciología, cuyo gurú era el escritor L. Ron Hubbart.
Sobre L. Ron Hubbart, líder de esta secta religiosa, destaca su novela Campo de Batalla: La Tierra, donde los buenos eran los terrestres humanos y los malos, malísimos los Psycos, unos aliens con rasgos semi humanoides de tres metros de altura. Lo cual demuestra que si un escritor tenía ideas liberales, los aliens serían buenos; si por el contrario eran más fachas que Hitler, éstos solían ser más malos que los hermanos mala sombra.
Un ejemplo reciente de aliens no humanoides buenos fue la divertida película Men In Black, con unos aliens mayoritariamente pacíficos intentando vivir ocultos entre los terrestres, sin molestar sin ser molestados.
Como aliens cinematográficamente malos, destacan recientemente los gamberros marcianos de Marss Attack y los cutres de "Independence Day".
Y así podríamos seguir y seguir enumerando razas humanoides en distintas obras de ciencia ficción. Lo cierto es que para un escritor de ciencia ficción que desea elaborar en su obra relaciones humanas es mucho mejor utilizar humanoides que, poniendo un ejemplo, un humano enamorado de una hembra alien de 3 metros de altura, con tentáculos en lugar de brazos, siete ojos, ninguna pierna (en su lugar tendría patas como las de las langostas), piel gelatinosa y una boca similar a la de los calamares.[INICIO] [RESEÑAS] [OPINION] [RELATOS] [REVISTERO] [ESPECIALES] [EDITORIAL] [ENLACES]